Si quieres una planta de interior resistente y fácil de mantener, puedes probar de cultivar una tradescantia zebrina, una de las especies colgantes más famosas y llamativas. A continuación, te dejamos una serie de cuidados para tener en cuenta si quieres que esta planta de color púrpura crezca sana y decore tu hogar.
Existen muchos tipos de suculentas pero la tradescantia zebrina es una de las más encantadoras. Es perfecta para decorar estanterías, ventanas y cualquier rincón del hogar. El color púrpura característico la convierte en el centro de atención, así que cualquier visita que entre a casa te preguntará sobre la planta.
La tradescantia zebrina procede de Centroamérica y es una planta especialmente agradecida. Tiene hojas ovaladas verdes y plateadas en la parte superior, mientras que en el envés son púrpuras o un morado intenso. Crecen rápido en todas sus direcciones, por lo que se hace voluminosa en poco tiempo. Es habitual encontrarlas en macetas colgantes o en los pies de plantas de mayor dimensión.
Los cuidados básicos de la planta
Esta especie que decora el interior del hogar es tolerante a diferentes ambientes y necesita cuidados mínimos, pero necesarios. Prefiere la luz indirecta brillante, pero puede tolerar niveles bajos de luz. Necesita riego regular pero es mejor no excederse para no generar encharcamientos, porque puede ser susceptible a la pudrición de la raíz.
¿En qué lugar dispongo la planta?
Lo ideal es colocar esta planta cerca de una ventana para que reciba luz filtrada por el cristal. Es mejor evitar la luz solar directa e intensa, sobre todo durante el mediodía, ya que puede quemar las hojas. Prefiere temperaturas cálidas y una humedad moderada. Es mejor que evites colocar la tradescantia cerca de fuentes de calor o aire frío.
Curiosidades de la planta
Es difícil pronunciar tradescantia zebrina, así que muchas personas la llaman «amor de hombre». Esto se debe a que la planta tiene facilidad para agarrarse a cualquier medio, echar raíces y crecer. Es como si estuviera destinada a conquistar cualquier espacio. Esta metáfora evoca la idea de que una relación florece y se desarrolla con facilidad.